La efectividad de un abrazo

- “Nunca aprenderás a sentarte bien. ¿Quieres bajar los pies del sofá?”
La voz de su madre interrumpió el ritmo de sus pensamientos. Llevaba un rato en aquella postura, con la mirada en la televisión como si la estuviera viendo, aunque la última película había despertado en ella un diálogo a solas. La miró recoger el vaso que se había quedado encima de la mesa y pasar como un torbellino recogiendo las pruebas del paso de su hermano por el salón.
- “Ya voy, ya voy” contestó al mismo tiempo que un resorte provocado por los ojos de su madre arrojaba sus pies al vacío.
Una película de lagrimeo fácil y emotividad impuesta había logrado su objetivo. Miró de nuevo a su madre, que esta vez entraba con un enorme jarrón de flores y un trapo de polvo en la mano.
- “¿Todavía estás ahí? ¿Es que no piensas moverte en toda la tarde?”
- “Oye mamá, ¿tú crees que soy buena?”
La sorpresa tambaleó las margaritas de sus manos. Despacio las puso encima de la mesa, se sentó a su lado enternecida para darle uno de esos abrazos que sólo daba ella.
- “Te querría fueras como fueras, pero eres buena, cariño. Anda, levántate y me ayudas con todo esto”.
Se levantó para ayudarla y sonrió ante la habilidad de su madre, una frase, un abrazo y había conseguido que lo olvidara todo y se levantara a limpiar.

This entry was posted in Relatos ciertos e inciertos, Secretos de Estado. Bookmark the permalink.

1,021 Responses to La efectividad de un abrazo

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>