El círculo

El día empezaba largo. Larguísimo como muchas de esas jornadas en las que me parece recorrer el país de Norte a Sur detrás del camino de baldosas amarillas. Sólo me veo los pies pero me cuesta levantarlos toneladas de esfuerzo, como toneladas deben pesar mis tacones.
Y en eso estaba pensando, que el día empezaba largo, cuando me he sentado en una habitación enmoquetada. Entraba la luz por la cristalera de ese balcón que dejaron para más tarde y no arreglaron y que ahora se oculta tras las cortinas. Con los zapatos hundidos en la pelusa y la espalda recta, fingiendo una fortaleza inexistente, sonreía silenciosa para no llorar. Vestía de negro irracional a juego con el ambiente, negro y atormentado, empañado de respiraciones entrecortadas y vaho.
Y así estaba mi habitación cuando, encogida bajo el edredón, he abierto los ojos esta mañana. He respirado profundo y estaba haciendo la maleta cuando un soplo frio me ha susurrado al oído, el día empieza largo, larguísimo, en un viaje de Sur a Norte.

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